Las gimnastas Polina Berezina y Alba Bautista

Las gimnastas Polina Berezina y Alba Bautista

Polina Berezina y Alba Bautista directas a los JJOO de París

Los más jóvenes no están acostumbrados a trabajar. Quieren resultados instantáneos

Llevan años trabajando muy duro para participar en unos JJOO, el sueño de todo deportista.

Hacía 23 años que dos representantes españolas no competían en la modalidad individual de gimnasia rítmica en unos Juegos Olímpicos. En París tienen serias opciones de pasar a la final. Son «la noche y el día» en palabras de Alba Bautista (Utrillas, 2002). «Nos complementamos y aprendemos la una de la otra», añade Polina Berezina (Moscú, 1997).

Polina tenía 3 años cuando sus padres se mudaron de Moscú a Guardamar del Segura, Alicante. Ha tenido muchas entrenadoras desde que empezara a los 7 años, también en Rusia. «Aprendes mucho, pero no he tenido un sitio fijo donde sentirme como en casa y seguir creciendo. Cuando me preguntan de dónde eres, no sé qué contestar. He vivido en tantos sitios…». Explica la gimnasta que de donde más se siente es de Torrevieja.

Alba empezó con 4 años en el club Cuencas Mineras, cuando implantaron ese deporte en el pabellón deportivo de Utrillas. Con el fin de progresar, se instaló con su madre en la casa de veraneo de Castellón para entrenar en el club Mabel, mientras su padre se quedaba en Utrillas trabajando.

No tienen tiempo para aficiones. Alba no recuerda la última vez que dibujó, ni Polina que hizo fotos. Las tardes libres les gusta salir con los amigos a tomar algo o a dar un paseo. La hora límite son las 2 de la mañana en fin de semana. «Salir te ayuda a desconectar y recuperarte para al día siguiente rendir al máximo», concluye Polina.

Es bonito ver cómo se complementan y apoyan dos personas tan distintas. Alba es natural, hace las cosas y la gimnasia como es, sin luchar consigo misma. Polina es de una autoexigencia y un perfeccionismo admirables, aunque, por otro lado, le generan quebraderos de cabeza.

Polina es quien más años lleva en la selección. Ha visto gimnastas que tenían ambición y trabajaban mucho, pero han tenido que abandonar por lesiones. «Otras por edad. Otras se desviaban por el camino. Nosotras siempre hemos priorizado el deporte, la salud nos ha acompañado y hemos estado en el momento oportuno.»

Cuando Alba entró en el equipo nacional había muchas gimnastas mejores que ella: «Sabía que tenía que esperar mi momento y contaba con la confianza de mis entrenadoras. En el Europeo de Tel Aviv de 2022 de pronto subí de nivel. Fue repentino: Hola, me llamo Alba, soy de Utrillas (dice con vis cómica) y estoy compitiendo con las mejores. Han sido muchos años de trabajo. Yo creo que las ganas de superarte ayudan a mantener la motivación.»

A lo largo de su carrera deportiva, Polina ha tenido que sobreponerse a numerosos comentarios negativos: «A los 18 ya me decían que era vieja, que no podía mejorar y estaba en mi tope. Incluso en las redes sociales a veces sientes odio o se te critica porque no te sale una competición. Te afecta.» Cuando determinada persona le sugirió que debía retirarse «me di cuenta de que la que tenía que querer era yo. Le di la vuelta a la tortilla, y hasta hoy. Los JJOO son el mayor sueño y no los voy a dejar pasar.»

Más difícil que llegar a la élite es mantenerse. «Además, tienes que seguir mejorando» — explica Alba — «igual que entras tú, lo hacen otras de otros países.» La entrenadora nacional y gimnasta olímpica, Alejandra Quereda, dice que hay que aprender a entrenar, no solo a competir.

Ambas gimnastas suscriben la importancia del entrenamiento. «Lo que haces entrenando es lo que vas a hacer compitiendo. Repetir y repetir. Hay días en que no te sale, pero, poco a poco, vas cogiendo el truquillo», adelanta Alba. Polina cuenta que hay días agotadores «de llorar y decir no puedo con mi vida, no me salen las cosas. Lo bueno es que las entrenadoras tienen paciencia y nos la transmiten. Insisten en que no nos estresemos. Hay que seguir trabajando hasta que salga.»

«Estamos aquí por propia voluntad»

¿De dónde sacan esa capacidad de constancia, sacrificio y superación? Para Alba, las ganas salen de querer hacerlo lo mejor posible: «Hay que tener en mente los objetivos y trabajar día a día.»

«Las entrenadoras» — continúa Polina — «nos han inculcado que esas ganas tienen que salir de nosotras mismas. Estamos aquí por propia voluntad.»

Alba Bautista en su ejercicio de aro

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Alba lleva muy bien ese nivel de exigencia: «somos así porque queremos y nos funciona». No así su compañera, que se come la cabeza: «siempre me parece que no hago lo suficiente.» La de Utrillas le aconseja que además de corregir lo que está mal, también hay que saber valorar cuando lo haces bien.

Polina admira de Alba su tranquilidad: «Cómo afronta las situaciones… No se estresa demasiado, hace todo lo que puede. Si sale, bien, y si no, a la próxima. Cuando estoy estresada, la miro e intento coger un poco de esa paz interior que tiene para que fluya todo.»

Diez años para conseguir un sueño

«Polina es tan perfeccionista que borda la competición — dice a su vez Alba con admiración — Es casi su propia entrenadora. Sabe las cosas que hace mal. A mí eso me cuesta más. Me viene muy bien tener al lado a alguien con tanta experiencia y que sepa competir. Admiro su disciplina. Hay una diferencia abismal entre su generación y los más jóvenes».

Aunque Alba tiene 22 años, observa, no solo en el deporte, que, en general, los más jóvenes carecen de esa disciplina y constancia. «El problema es que quieren resultados instantáneos — añade Polina — A lo mejor puedes tirarte como yo 10 años para conseguir un sueño. Hay que saber esperar. A Alba le llegó el momento, estaba preparada y aprovechó esa oportunidad.»

Gimnastas preferidas

Alba no tiene una gimnasta preferida. Le gustan diferentes cosas de cada una y el control de las búlgaras con los aparatos que «lanzan y cogen sin pensar». También observar cómo cambia la forma de entrenar y competir de una gimnasta a otra.

Polina admiraba a las mayores cuando empezó. Hoy en día, le gusta cómo transmite y enlaza los ejercicios Sofia Raffaeli y le llama la atención la perfección de Darja Varfolomeev. Aunque a Alba le parece un poco robot, pero «la competición de la gimnasia rítmica consiste en sumar puntos y ella los suma.»

A las puertas de Tokio

Cuando se le recuerda a Polina que se quedó a las puertas de Tokio se apesadumbra. Pero ahí está Alba al quite para animarla. «Ahora tengo una segunda oportunidad — asevera la primera — Estaba obsesionada con Tokio. Pensaba que iba a ir. Seguí entrenando hasta el inicio de los Juegos por si había alguna baja. Me quedé a una plaza. Con París no he tenido esa obsesión.»

Pensó en dejar la gimnasia. Además, como cada ciclo olímpico, cambian las reglas, tuvo que aprender muchos ejercicios casi de cero. 2022 fue un año duro de transición. Incorporarse al Centro de Alto Rendimiento de Madrid tanto como el apoyo de sus compañeras, le ayudaron «a salir del bucle» y centrarse en el objetivo que fue el Mundial de Valencia.

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El pasado agosto en el Mundial de Valencia lograron la clasificación para los JJOO. Para las dos fue un hito no solo por la clasificación sino por el calor de la afición. «Como la afición española no hay nada. ¡La energía que te daba! Íbamos todos a lo mismo.», recuerda Alba. «Es lo mejor que hemos vivido. Se me ponía la piel de gallina cada vez que salía a competir — cuenta Polina — Parecía que se iban a caer las gradas. No se oía la música. Estaban todos con nosotras.»

Ejercicios de relajación

Hacer ejercicios de relajación antes de salir a competir le pondría más nerviosa a Alba que intenta ignorar los nervios: «Me mentalizo. Para adelante y punto. Y ya es tu música y tu ejercicio. Sale solo de tanto trabajar.» Sin embargo, a Polina le ayuda centrarse en la respiración y gritar a la hora de salir: "¡a por todas!".

París

En París quieren disfrutar. «Lo difícil era clasificarse en Valencia. ¿Qué presión tenemos ahora? Ninguna. Me van a poner la música igual que me la ponen en la Liga de Iberdrola. Tengo que salir y hacer lo mismo.», dice Alba con soltura. Polina tiene muchas ganas de que llegue el momento: «Quiero vivirlo igual que el Mundial de Valencia. Ir a unos JJOO es una vez en la vida.»

Ninguna tiene aparato favorito. La de Utrillas de pequeña prefería la pelota porque se le daba mejor: «La cinta me da muy buenos resultados, pero me cansa mucho el brazo.» Con la cinta, Polina se pelea y desespera: «Los altibajos son con cinta. Cuando salen las mazas, te sientes superhéroe. Es lo más difícil.»

Polina Berezina sobre el tapiz

A la pregunta de qué les ha dado el deporte, Alba contesta «prácticamente todo lo que he aprendido. Disciplina, madurez e independencia. Estamos sin nuestra familia. Además, tienes que aprender a convivir con más gente.» «Responsabilidad — añade su compañera — Al ser competición individual pasamos mucho tiempo con nosotras mismas y te conoces bien. Además, encuentras a tantas personas maravillosas durante el camino.»

Polina tiene la sensación de tener muchos más años que 26. «Me siento vieja en el deporte. Soy la mayor de aquí. La siguiente es Alba que va a cumplir 22. Nos llevamos 5 años. Las de conjunto tienen 19. Hay niñas de 15. Su fuerza e ilusión me mantienen joven. Yo, realmente, voy a menos.» Alba bromea con que es del siglo pasado. En rítmica individual solo quedaremos 3 o 4 gimnastas en activo del siglo pasado, contesta.

Polina estudia Comunicación Audiovisual. Le gustaría ser directora de cine. Alba, INEF. Quiere ser entrenadora. Siente que su vida está ligada a la gimnasia rítmica. En París tendrán el apoyo de la afición española y — cómo no — de sus familias. No toda la familia rusa de Polina, pero sí sus padres, su suegra y su novio que es manchego. Unas olimpiadas solo se viven una vez. O muy pocas.

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