Silvia López Gijón - Legionaria en Las Fuerzas Armadas Españolas

Silvia López Gijón - Legionaria en Las Fuerzas Armadas Españolas

Antaño las mujeres entraban en la órdenes religiosas por centenas cada año, hoy se puede decir que ya no son tan sensibles al carillón, y que prefieren el clarín. Las vocaciones religiosas han ido disminuyendo estos últimos años, y al mismo tiempo los cuarteles se han ido llenando. Sin ver una relación de causa a efecto, se constata una cosa que hace algunos años era todavía impensable: La feminización progresiva de las fuerzas armadas. En Francia, por ejemplo, el 14,1% de la armada es femenina, en USA el porcentaje sube hasta los 15,5%. En 1985, Noruega fue el primer país de la OTAN en permitir a sus mujeres participar en todas las misiones, incluido los servicios submarinos. A mediados de los noventa, Israel aprobó que las militares pudieran estar en primera línea, si bien su ejército cuenta con mujeres desde su constitución como Estado, en 1948. Actualmente, el 3% de los soldados israelíes de combate son mujeres.

Unos dicen que la anatomía femenina no es capaz de resistir a las asperezas de la larga carrera militar que supone operaciones de guerra, que participar en operaciones de combate que a veces duran semanas, sufriendo stress y falta de sueño, termina alterando el ciclo femenino, que la mayoría de las mujeres soldado sufren acoso por parte de los compañeros, que la guerra va en contra del sentimiento de la mujer. ¿Hasta dónde puede llegar la Igualdad?

Hemos entrevistado a Silvia López Gijón, una española de 30 años, que ha sido legionaria en las fuerzas armadas españolas. En España ya hay 16.000 mujeres enroladas y hace parte de los 15 países que permiten a las mujeres soldados entrar en combate — Lo autorizan: Alemania, Australia, Canadá, Corea del Sur, Dinamarca, España, Finlandia, Francia, Israel, Nueva Zelanda, Polonia, Rumanía, Suecia y USA — Silvia nos cuenta su experiencia en el terreno y la historia de su reconversión.

¿Cómo te convertiste en legionaria?

Al cumplir los 18 años y empezar en la Universidad para estudiar Psicología, poco a poco, me fui dando cuenta de que no me encontraba en el lugar que quería estar. No iba a clase, no ninguna motivación y sentía que perdía el tiempo y que era el momento de decidir que quería realmente hacer. Siempre me fascinó el mundo militar y todo lo que le rodeaba, la actividad física intensa, conocimiento y uso de armamento, poder salir de misión al extranjero, quería poner en juego todo el valor y fuerza que en ese momento tenía. Es muy curioso para mí decir algunas de estas cosas ahora, ya que después de haber sido Dama Legionaria, ahora me considero una persona pacífica y me gustaría un mundo en el que no existieran las armas y estoy en contra de realizar ejercicios que hagan que tu corazón se te salga por la boca o que te destrocen músculos y articulaciones.

¿Cómo fue tu vida de soldado?

Estuve primero destinada en el Tercio 3º de la Legión, en Almería (España), en la 2ª Compañía de Fusiles. Realicé muchos ejercicios de fuego real, fuertes entrenamientos y maniobras. Estuvimos también colaborando en la limpieza de aquel maldito chapapote que causó el hundimiento del buque petrolero Prestige a finales del 2002, y lo recuerdo con el corazón encogido y como un momento especial de compañerismo. También estuve de misión en Irak durante 4 meses. Durante esta misión, se puede decir que empezó mi declive militar, sufrí una lesión muy fuerte debido a un accidente y además las cuestiones políticas que nos hicieron estar allí desencadenaron en mí un desencanto total hacia el mundo militar.

¿Hay puesto para las mujeres en el ejército?

¡Por supuesto que sí que lo hay, el mismo que para los hombres¡

¿Te sentiste a gusto?

Si, claro que sí. Aunque la presión a veces era muy fuerte, tener que pasar muchas horas rodeada de hombres, que están pendientes de ti, poniéndote a prueba, es difícil, pero cuando vas concienciada de que es lo que hay, es más fácil de afrontar y al final la situación se normaliza. Pero como en cualquier trabajo, tienes tus malos y tus buenos momentos, aunque estos sean más especiales e intensos debido a que, las situaciones que se viven en el ejército no son las habituales. Ahí todo se magnifica.

¿Por qué lo dejaste?

Pues como he comentado antes, principalmente por el cansancio físico, necesitaba parar un poquito, mi cuerpo me pedía que le cuidara. Por aquel entonces mi orgullo y el querer siempre estar atope, no me daban tregua, no me recuperaba bien de las lesiones y me terminé sobrecargando. Al fin y al cabo, volvía a necesitar un cambio, sentía que esa fase de mi vida estaba acabando y que tenía que comenzar a descubrir nuevas experiencias.

¿Qué has aprendido en el ejército?

Que aquello que queramos conseguir, aunque sea difícil, aunque la gente de tu alrededor te diga que no, que ni lo intentes, que es una locura, poniendo toda tu fuerza, ganas e ilusión, estará a tu alcance.

¿Se lo recomiendas a las mujeres?

Si les gusta el mundo militar, por supuesto que sí.

¿Cómo te has reconvertido en la vida civil?

Después del ejército, trabajé como vigilante de seguridad. Y como es de imaginar, después de estar donde estuve, ese trabajo no me llenaba lo suficiente. Pero como si lo hacía mi bolsillo, pues aguanté un poco, hasta que decidí que el dinero no valía para nada si yo realmente no estaba a gusto con lo que hacía. Por aquel entonces, fue cuando empecé a practicar Pilates y supongo que también eso me hizo despertar de alguna manera y volver a conectar conmigo misma. Así que me tomé un tiempo para reflexionar, y en ese momento me interesó un curso pasa ser monitora de ocio y tiempo libre y fue cuando empecé en este nuevo camino. Después de este curso, decidí estudiar un Grado Superior, para especializarme en animación de actividades deportivas y hasta el día de hoy que lo he complementado con mucha más formación relacionada, como el curso de Pilates Mat.

Desde que empecé a practicar Pilates, me quedé tan enganchada, fue tal el cambio que experimenté, sentí tal conexión, que me dije Silvia, tienes que hacerte una experta en ello y hacer llegar todas estas sensaciones a cuantas más personas mejor, sobre todo a aquellas que más lo puedan necesitar.

Para mí fue un ejercicio rehabilitador. A día de hoy, he conseguido que las lesiones y yo podamos convivir, no me duelen como lo hacían antes y además me previene de otras muchas que podrían venir derivadas de las anteriores. El Método Pilates te hace estar en forma, sin dañar tu cuerpo.

Y por eso me encanta poder asesorar a las personas de cómo realizar una actividad física saludable que pueda perdurar en el tiempo.

Además practicar Pilates te ayuda en otros aspectos, queriendo cuidar cada vez más tu cuerpo, comer sano, aprender a relajarse. Todo son beneficios.

¿Te sientes realizada ahora?

Estoy muy orgullosa de todo lo que hago para seguir creciendo y construyéndome un futuro, pero está claro que lo que necesito es completar mi jornada laboral, ya que actualmente es equivalente a una jornada parcial. Necesito poder gestionar mi economía e independizarme de nuevo.

Cómo te has formado?

Estudié un Grado Superior, Técnico en animación de actividades físicas y deportivas. Soy Instructora de Pilates, Entrenadora Personal y Monitora de Ocio y Tiempo Libre. Continuamente hago cursos, asisto a eventos, me relaciono con otros profesionales, en definitiva, siempre estoy adquiriendo nuevos conocimientos, creciendo personal y profesionalmente. También medito, practico Reiki y desarrollo mi Inteligencia Emocional.

¿Qué mensaje te gustaría compartir con las mujeres del mundo?

Que somos geniales, que si nos proponemos cualquier cosa lo conseguiremos. Que no nos quedemos en casa, que nadie nos diga lo que tenemos que hacer, que sintamos nuestra libertad y la disfrutemos.

¿Qué hay que hacer para estar en forma y sentirse bien, tienes algunos consejos?

Para estar en forma lo primero hay que quererlo de verdad, ser consciente en cada momento de ello, no solo cuando me dé el apuro de ¡ay quiero adelgazar! ó ¡ay cuanto me duele la espalda!

Sólo es necesario crear nuevos hábitos e introducirlos en nuestra vida diaria. Es más fácil de lo que parece, hay que eliminar esa pereza y esas excusas que nos ponemos. Y muy importante, no hace falta hacer dietas estrictas o correr como si no hubiera mañana. Poquito a poco, cada uno a su ritmo y dentro de sus posibilidades. Nuestro cuerpo de esa manera se acostumbra mejor a comer bien o a dedicar un poco de tiempo a nuestro entrenamiento. 

ventanasmundo.blogspot.com, 21.03.14

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