Sirenas de plata con sabor a oro

Sirenas de plata con sabor a oro

Las españolas finalizan por detrás de las rusas y cumplen con una evolución espectacular que les ha llevado a lo más alto de su especialidad.

Las nadadoras españolas deslumbraron al público reunido en el Cubo de Agua con un ejercicio atípico

Flotaban. Se movían con una soltura contagiosa después de quitarse de encima una presión autoimpuesta por ellas mismas, resultado directo de tantas horas de trabajo, de interminables sesiones en el CAR de Sant Cugat en días de lluvia o de calor extremo. Tanto sacrificio merecía la recompensa de la plata, la verdadera meta a la que aspiraba la sincronización española teniendo en cuenta que el oro tiene dueño y viene de Rusia. España ya está entre las grandes.

Sin margen para la sorpresa, con Rusia, España y China repartiéndose el botín en el mismo orden escrito, quedaba por ver la ejecución de 'África', un ejercicio dinámico y entretenido en el que el equipo español arrancó una nota de altura (98,251). «Seguramente ha sido el mejor día, casi lo hemos bordado con este ejercicio», resumió Andrea Fuentes. «Era muy complejo, con acrobacias difíciles en la ejecución. Hemos tenido algún pequeño desajuste, pero cuando se ha acabado la música sabía que la medalla era nuestra», señaló Anna Tarrés.

Ni siquiera hizo falta esperar a las rusas, que cerraron la programación del Cubo de Agua con una nota acorde a tan espectacular recinto. Ocho de diez jueces les dieron a las muñequitas la máxima puntuación (49,500). Y con eso, España no puede competir. Al menos por ahora, pues la diferencia entre ambas, aunque se ha recortado muchísimo con el paso de los años, es considerable. Las españolas son extraordinarias, pero las rusas son extraterrestres, viven en un planeta que sólo tolera la perfección. No son espectaculares, seguramente en eso están por detrás de España, pero técnicamente son el súmmum.

La deuda de Atenas

Después de mucho tiempo pisando todos los podios, España se ha desquitado en Pekín de una deuda histórica, que aumentó en Atenas al quedarse a las puertas del bronce por una decisión cuestionable de los árbitros que favorecieron a Estados Unidos. «Hemos esperado mucho este día y por fin ha llegado», dijo Irina Fuentes con unos ojos que delataban un llanto de alegría, el mismo que contagió al resto de compañeras en la ceremonia de entrega de medallas. «Ahí está la plata, la consecuencia directa del sacrificio», añadió Gisela Morón.

Fuentes y Morón son precisamente dos de las veteranas de este equipo. La otra treintañera es la idolatrada Gemma Mengual, que ya tiene el premio que le faltaba. «Este equipo va a ser un icono donde mirarse y buscar referencias. Hemos hecho bien los deberes y el resultado es el que esperábamos. Hemos establecido una línea de trabajo y funcionamiento que sirve», afirmó Tarrés. Instaladas ya en la exclusividad de un deporte en donde la nombradía es la mayor virtud, las sirenas españolas, insaciables, quieren más. Rusia está lejísimos, pero no son inalcanzables.

larioja.com, 24.08.08
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